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Me sangra la encía alrededor de un implante: qué es la periimplantitis y por qué no conviene esperar

Te pusiste un implante hace tiempo y ahora notas la encía roja, sangrado al cepillar o un sabor raro en esa zona. Puede ser periimplantitis. Te contamos qué es, por qué aparece y por qué conviene revisarla pronto.

Te pusiste un implante hace un par de años y te olvidaste de él porque funcionaba perfectamente y masticabas con normalidad. Hasta que un día, al cepillarte, notas que la encía de esa zona sangra un poco. O ves que está más roja e hinchada que alrededor del resto de los dientes, o te queda un sabor raro justo ahí después de comer. La primera reacción casi siempre es la misma: como el implante no se mueve y no duele, uno piensa que no puede ser nada serio. Y ahí está la trampa, porque esos avisos tempranos son precisamente los que conviene no dejar pasar.

En A & B Dental es una situación que vemos con cierta frecuencia en las revisiones de pacientes que llevan implantes desde hace tiempo: vienen por una limpieza de rutina y descubren que la encía de alrededor de uno de ellos lleva meses dando señales. Entender qué está pasando ayuda a reaccionar a tiempo y a cuidar algo en lo que ya se ha invertido.

Qué es la periimplantitis

La periimplantitis es una inflamación de los tejidos que rodean a un implante dental que, además, afecta al hueso que lo sujeta. Dicho de forma sencilla: igual que los dientes naturales pueden sufrir enfermedad de las encías, los implantes también pueden desarrollar un problema parecido en la encía y el hueso que los rodean.

Conviene distinguir dos fases, porque no son lo mismo y el momento de actuar marca la diferencia. La primera es la mucositis periimplantaria: una inflamación que se queda en la encía, con enrojecimiento y sangrado, pero sin que el hueso se haya visto afectado todavía. Suele ser reversible si se trata a tiempo. La segunda es la periimplantitis propiamente dicha, en la que la inflamación ya ha empezado a provocar pérdida del hueso que sostiene el implante. Esta segunda fase es más difícil de revertir, y por eso interesa tanto frenar el proceso antes de que llegue hasta ahí.

La idea importante es que el implante en sí no se infecta como lo haría una herida: lo que se inflama y se daña es el tejido vivo que tiene alrededor. El implante es de titanio y no se pica como un diente, pero depende por completo de que la encía y el hueso que lo abrazan estén sanos.

Por qué aparece

El origen suele ser el mismo que el de las enfermedades de las encías en los dientes naturales: la acumulación de placa bacteriana en el punto donde la encía se encuentra con el implante. Cuando esa placa se queda ahí día tras día, las bacterias inflaman la encía y, si el proceso avanza, empiezan a afectar al hueso.

Factores que lo favorecen

No todos los implantes tienen el mismo riesgo. Hay circunstancias que lo aumentan y que vale la pena conocer. La higiene insuficiente en esa zona es la más frecuente: los implantes tienen recovecos distintos a los de un diente y, si no se limpian bien, acumulan placa con facilidad. El tabaco es otro factor de peso, porque reduce la capacidad de los tejidos para defenderse y cicatrizar. También influyen haber tenido enfermedad periodontal antes de ponerse el implante, la diabetes mal controlada o no acudir a las revisiones y mantenimientos.

Quien ya ha pasado por una periodontitis (lo que antes se conocía como piorrea) parte de un terreno más sensible y conviene que lleve un seguimiento especialmente cuidadoso. En la página de periodoncia explicamos cómo trabajamos la salud de las encías, que es la base sobre la que se sostiene cualquier implante a largo plazo.

Cómo saber si puede estar pasándote

Lo complicado de la periimplantitis es que al principio avisa poco y mal. No suele doler, y eso hace que mucha gente la ignore hasta que está avanzada. Aun así, hay señales que conviene mirar con atención.

La más habitual es el sangrado de la encía al cepillar o al pasar el hilo o el cepillo interdental por esa zona. También el enrojecimiento y la hinchazón de la encía alrededor del implante, que se nota distinta del resto. En fases más avanzadas puede aparecer un mal sabor o mal olor que no se va, cierta supuración o la sensación de que la encía se ha retraído y el pilar queda más a la vista. En los casos más serios puede haber movilidad del propio implante, que es ya un signo tardío.

Que notes alguno de estos signos no significa que vayas a perder el implante, pero sí que merece una revisión. Cuanto antes se valora, más opciones hay de frenarlo en la fase reversible y de evitar que el hueso siga perdiéndose.

Qué se puede hacer

El primer paso siempre es una valoración en consulta, porque hace falta explorar la encía, medir la profundidad del surco alrededor del implante y, en muchos casos, hacer una radiografía para ver cómo está el hueso. Sin esa información no se puede saber en qué fase está ni qué abordaje tiene sentido, y por eso los resultados varían según cada paciente y se estudian de forma individual.

En las fases más tempranas, cuando solo hay inflamación de la encía, el tratamiento suele centrarse en una limpieza profesional a fondo de la zona, en retirar la placa y el sarro acumulados y en ajustar la técnica de higiene en casa para que esa zona concreta quede bien limpia cada día. Muchas mucositis se controlan así. Cuando ya hay pérdida de hueso, el abordaje es más complejo y puede incluir procedimientos específicos para descontaminar la superficie del implante y, en algunos casos, intentar recuperar parte del soporte perdido.

La mejor estrategia es que no llegue a pasar

Con los implantes vale especialmente aquello de que prevenir cuesta mucho menos que corregir. Mantener una buena higiene diaria en esa zona, con los cepillos adecuados para limpiar alrededor del implante, acudir a las revisiones y mantenimientos periódicos y dejar el tabaco son las medidas que de verdad marcan la diferencia a largo plazo. En esas visitas de mantenimiento es donde se detecta a tiempo cualquier inflamación, antes de que se convierta en un problema mayor.

Si te planteas ponerte un implante o quieres saber cómo cuidamos los que ya están colocados, en la página de implantes dentales contamos cómo planificamos cada caso de forma personalizada, siempre partiendo de una valoración previa de la salud de tus encías y tu hueso.

En resumen

Que te sangre o se inflame la encía alrededor de un implante no es algo normal que haya que asumir: es un aviso. En su fase inicial, cuando solo afecta a la encía, normalmente se puede frenar con una limpieza profesional y un buen cuidado en casa. Si se deja avanzar y el hueso empieza a resentirse, la cosa se complica. Por eso, cuanto antes se revise, mejor.

Si has notado sangrado, enrojecimiento o un sabor raro alrededor de un implante, no esperes a que duela. Pide tu cita de valoración y lo revisamos con calma para ver en qué punto está y qué conviene hacer en tu caso.

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